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Monday, 12 November 2018

BABELICUS EN ESPAÑOL Número 6



(Tarde con globos de Adriana Alarco de Zadra
Pintura acrilica)



BABELICUS EN ESPAÑOL

Número 6 - Setiembre 2018



Estimados amigos:

Les presentamos el sexto número de BABELICUS EN ESPAÑOL que forma parte del blog del amigo y escritor italiano Stefano Valente a quien agradecemos su apoyo y disponibilidad para con esta revista multicultural que se encuentra en:


Y también en la página de Facebook:

Babelicus (grupo abierto)

Para este número nos hemos escogido cuentos en español, de varios países de América Latina llenos de fantasía, humor y humor casi infantil. Deseamos que este proyecto siga creciendo, y ruego a los escritores de lengua española interesados en publicar en Babelicus, que envíen sus colaboraciones adjuntas en Word a la responsable de la edición en español de la revista virtual bianual: Adriana Alarco de Zadra:  alarcoadriana@gmail.com

Se publicarán los cuentos que cumplan los requisitos de brevedad, gramática, fantasía y respeto. Los autores no pierden sus derechos de autor.

Portada: Tarde con Globos

ADRIANA ALARCO DE ZADRA

Perú




JULIO GARCIA VENTUREYRA- ARGENTINA

LA URDIMBRE DE SATANÁS "

    ¡Maldita sea! ¡Una y mil veces la maldigo... sin cansarme de hacerlo!

    ¡Es tan grande el odio que siento por ella!

    ¿Por qué?

    Por haberme robado a mi papá. ¡Viejo tonto que se dejó convencer!

   ¿Por qué?

    Por anhelar los bienes que me corresponden y.… algo más, por ser frívola y soberbia conmigo.

    Son motivos por demás suficientes para lo que hice.

    ¡Tantas veces la maté!

    Con la pistola de un disparo certero al corazón; cuando la empujé por aquella escalera interminable y rodó hasta el final; o el día que estando desprevenida provoqué su caída desde la terraza de aquel alto edificio, donde con un grito se perdió en el vacío.

    ¡Qué placer intenso!

    Pero será superior ahora que estos sueños están a un paso de convertirse en realidad, y pocas horas faltan para ello.

    ¡Mamá querida! Tuviste que abandonarme...

    Irte para siempre cuando más te necesitaba, por culpa de esa cruel enfermedad. Papá después se sintió desconsolado y quiso reemplazarte casándose con esta intrusa que nada significa comparándola

con vos.

    ¡Si supieras que te estoy necesitando más que nunca!

    ¡Éramos buenas amigas! Podía confiar a ciegas en tus consejos.

    Haberte perdido siendo adolescente es un dolor difícil de llevar.

    Las cosas que tendría que decirte... ¿Te acordás de Ricardo, aquel flaco simpático que te quería cuando íbamos al secundario?

    Es mi novio desde hace tiempo, y también está en el plan para vengarte. Sí... juntos preparamos la trampa

para eliminarla mortalmente... ¡y lo hicimos para que nada falle!

    Ricardo -- a quien para convencerlo tuve que amenazar con dejar de tener relaciones y romper-- fue quien estableció el día que tendríamos el encuentro con aquel siniestro personaje que prefiero no recordar, ni volver a ver en mi vida; y por la suma que le di, se dispuso llevar a cabo el "trabajo". Sí, se comprometió para hacerlo rápido, fulminante. Apostándose en una terraza y esperándola llegar.

    ¡Por fin!

    ¡Terminar de una buena vez con esa mujer!

    Un áspero sonido la sacó de sus profundas cavilaciones en la penumbra del departamento. Recordó entonces que Luisa había quedado en venir a buscarla esa tarde.

    Le dijo por el contestador que bajaba; aferró una campera que estaba sobre un sillón, y pronto estuvo en la calle subiendo en el automóvil de su amiga.

    Cuando llegaron a un gran descampado, una verdadera multitud escuchaba al predicador.

    A Luisa le habían recomendado la presencia del orador en la ciudad; era la palabra de Jesús para Argentina, y movida por la curiosidad le pidió a Gabriela que la acompañara.

    -- Dijo Jesús: "Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos"

Mateo 18:20-- leyó el predicador en la Biblia, y agregó: -- Y donde hubo guerra que haya paz, donde hubo odio que haya amor...

    Gabriela comenzó a sentirse extraña en medio de la muchedumbre que aclamaba a Cristo, oía las prédicas y entonaba alabanzas.

    ¿Acaso...  se advertía una presencia especial inundando el lugar?  ¿Qué era realmente lo que le estaba sucediendo? No le dio importancia, tal vez no sería más que alguna sugestión o emoción momentánea.

¡Nadie de este mundo podría cambiar sus planes! ¡Absolutamente nadie!

    Cuando se fueron del lugar y mientras el auto andaba, no podía dejar de oír uno de los cánticos que había quedado dentro suyo. Era una hermosa melodía... y esa frase: "Donde hubo odio que haya amor", también seguía escuchándola.

    -- ¿Qué te sucede? --le preguntó Luisa que manejaba. -- ¿Te quedaste callada? ¿No te sentís bien?

    Gabriela se esforzaba por disimular, pero al no lograr contenerse estalló en sollozos.

    Luisa se sorprendió al verla, advirtiendo que algo raro le sucedía a su íntima amiga.

    Estacionó el vehículo en la misma avenida por la que circulaban, y atónita, escuchó la historia que entre llantos le relató su amiga que ya no soportaba su lucha interior.

    -- ¡Es un tremendo disparate! -- estalló Luisa al oír la confesión. -- ¿Tanto pudo cegarte el odio para maquinar algo así? ¿Te das cuenta?  ¿Querer eliminar a un ser humano porque no nos cae bien?

¿Matar...? ¿Hasta dónde llega la maldad? ¡Podría ser tu madre... o la mía!

    Gabriela continuaba sintiéndose muy mal.

    -- No sé si los milagros existen...-- siguió Luisa. -- Pero sí estoy convencida que Dios te puso su mano para que me lo hayas relatado y hasta puedas arrepentirte; no podemos perder ni un instante, hay una vida por medio que salvar... una preciosa vida como lo son para nuestro Creador. ¡Vamos...ya mismo! ¡Si es que todavía logramos llegar a tiempo!

    El auto partió veloz en una vertiginosa carrera contra el demonio.

    Cuando llegaron y descendieron, corrieron sin cesar por la soleada playa de estacionamiento; por la calle entre la gente, y cruzaron la avenida hasta llegar a un edificio horizontal.

    Un ascensor estaba en los pisos altos, el otro no funcionaba; subieron a un tercero más pequeño.    Ascendía con una lentitud que parecía querer burlarse de la ansiedad que sentían.    Por fin, llegó.

    Una puerta de madera daba a una larga galería de vidrio que siguieron tan apresuradas que Gabriela tropezó, cayendo.

    Luisa le extendió su mano, y una vez que se hubo levantado la mantuvo aferrada de ella mientras corrían.  Desembocaron a una terraza desierta.

    Miraron hacia distintos lados.

    En uno de sus ángulos, un hombre se aprestaba a preparar un arma de largo alcance.

    Desde este sitio se vislumbraban perfectamente los fondos de la casa del padre de Gabriela.

    -- ¡Eh... usted, oiga! -- le gritó Gabriela con desesperación.

    El hombre asustado, inmediatamente trató de esconder el arma.

    -- ¡Los planes han cambiado, no tiene que matar a nadie! -- siguió Gabriela. -- ¡Váyase...! ¡Váyase!

    Al recordarla, no pronunció palabra, guardó el arma, y desapareció rápidamente.

    Luisa y Gabriela suspiraron con alivio.

    -- Querido... estuvo tu hija. Es amorosa... me abrazó fuerte, y estaba como emocionada... hacía

tiempo que no la notaba así. Mañana salimos juntas a tomar el té y hacer algunas compras... ¡Y pensar que vos creías que no me quería...!

    -- ¡La nena! -- sonrió orgulloso a su esposa el padre de Gabriela que recién llegaba a la casa.

-- ¡Cuántas veces juzgamos mal a las personas premeditadamente y sin motivos; ¡pero yo... siempre supe que tiene un corazón de oro, por algo es hija mía!

Julio García Ventureyra nació en Argentina, donde reside en la actualidad en la ciudad de Bahía Blanca. Es autor de cuentos (publicados en revistas, suplementos literarios y diversos medios), novelas y guiones cinematográficos.



ADRIANA ALARCO DE ZADRA - PERÚ


TARDE CON GLOBOS


El día antes del cumpleaños, la casa estaba llena de gorros de cartulina y olía a gelatina de colores.  Rellené la piñata de muñequitos de latón, sapitos bullangueros y caramelos.  Inflar los globos me dejó sin respiración, por lo que conseguí un balón de gas helio para hacerlo rápidamente. 


         En medio del verano mi hija mayor ha cumplido cinco años y el Club del Carbón y del Hollín, nos prestó su jardín, para hacer allí la fiesta de cumpleaños. Mis hijas se veían como dos muñequitas con sus vestidos almidonados, sus zapatos lustrados y cintas en el cabello, pero   apenas llegamos, se ensuciaron de carbón y metieron la nariz en la torta de chocolate picante.

 Mientras les lavo la cara y las manos, comienzan a llegar los invitados.  Siete enanos terribles voltean sillas, jalan manteles, se cuelgan de los árboles y hay uno que otro con un chichón en la cabeza.  Soldaditos de plomo con uniformes brillantes marchan por el sendero empedrado. Aturdida, reparto los sombreros con gran éxito, hasta que los más grandes se los quitan a los más pequeños.

─ ¡No me gusta este que parece una corona con espinas! ¡Yo quiero el rojo que tiene esa niña!

Al arrojar el sombrero de la discordia al suelo y saltarle encima con los pies, en medio de los alaridos estridentes, se escucha la voz del niño destructor:

─No importa, ya no quiero el sombrero rojo porque está roto.

Ofuscada con la tarea de deshacer entuertos y limpiar mocos ajenos, lleno algunos globos gigantes con gas helio y los amarro a la rama de un árbol, mientras soldaditos de plomo marchan al compás por el sendero de piedra.

En esa tarde llena de sol, el jardín con sus árboles frondosos ampara la algarabía de los torbellinos. Los llamo a tomar el refresco y todos corren como diablillos a escoger el trozo de torta más grande sobre el plato más grande a pesar de que yo los veo todos del mismo tamaño.  No falta alguien que se lamenta:

─A mí los sorbetes con flores de manzanilla no me gustan y las galletas de pétalos de rosa me hacen daño...

Veo asomar el hocico del lobo feroz detrás de un árbol, pero cuando pestañeo, ya ha desaparecido. Los trencitos bajo las campanillas se deslizan por los rieles en miniatura, chocan entre ellos, se desparraman en el jardín.

Mientras cantan cumpleaños feliz, mi hija mayor sopla sus cinco velitas, emocionada.  La menor no canta, ocupada como está en comer sola llenándose el vestido, el cabello y las orejas de gelatina de frambuesa y betarraga.

Algunos de los más traviesos desamarran los globos inflados con helio.  Veo que empiezan a flotar en el aire con la brisa de la tarde que los aleja sobre los árboles y techos de las casas.  Los contemplo asombrada.  No sé si sentir alivio o espanto pues el estupor me ha paralizado los sentimientos.   Sólo atino a hacerles adiós con la mano porque veo lo alegres que van donde los lleva el viento.  Me acaricio el vientre donde palpita otra vida.  Todavía sigue allí y no se ha ido volando. 

Todos corren y me crecen cinco manos para poder repartir los globos, frenéticamente.   Los trozos de torta terminan regados por el jardín y el alboroto forma un diseño variopinto, cuando los niños empiezan a levitar colgados de las esferas de colores.  Quisiera ser la bella durmiente y despertar después de la fiesta. Veo a dos traviesos que se balancean sobre las ramas de los árboles con sendas espinas de cacto reventando los globos de los más pequeños que caen al suelo. 

Apenas me acerco a levantarlos, angustiada, los terribles revienta - globos declaran con satisfacción:

         ─ ¡Cómo nos estamos divirtiendo!

         Les entrego otros de formas diferentes y, como estaba previsto de antemano, al poco rato, ellos también vuelan por el aire y se alejan de la fiesta colgados de sus globos gigantes, gritando contentos...

         Luego, veo que algunos se avientan por el techo, dentro de las chimeneas del Club de la Mina y me aterro.  ¿Y si se quedan atrapados? ¿y si se caen y se hacen daño? ¿y si no salen por el otro lado? ¿y si se queman?

Pero al ver que aparecen por la puerta del jardín, llenos de hollín y de carbón, noto que están sucios, pero están enteros. Suspiro aliviado, con el corazón que late furiosamente, y los reúno para romper la piñata llena de sorpresas, caramelos de garabato y muñequitos. Cuando los más pequeños recogen sus pitos y sapitos bullangueros, escapan por el jardín felices de poder hacer ruido.  

         ─ ¡Yo no quiero esta sorpresa!  ¡No me gusta!

         ¿Hubiera sido mejor llenar la piñata de manzanas?

Enseguida, los soldaditos ganan la batalla y marchan entre los guijarros tocando su tambor de hojalata; los sapitos saltarines se pierden entre la hojarasca y las maripositas de latón se deslizan leves entre las flores mientras los pequeñines corretean detrás.

Reparto globos con helio ensimismada por el ruido ensordecedor y los niños siguen desapareciendo en el aire hasta que casi no se ve a ninguno jugando alrededor.

Quedo demudada a ratos por las caídas, la agitación, los chillidos de susto y los sobresaltos, pero respiro profundamente y me convenzo de que no debo inquietarme. El jardín se envuelve en una vaga penumbra y comienzan a disminuir los últimos invitados llenos de hollín y gelatina.  Sus madres los buscan desesperadas con los ojos levantados, arriba, entre árboles y techos. 

─ ¿Cuánto le ha costado la fiesta, con esos globos mágicos y esa torta tan grande?

─ ¡Paciencia, señora mía, me ha costado mucha paciencia!

Se apagan los últimos clamores de la batalla campal en miniatura. Algunos padres persiguen a sus hijos por las calles para llevarlos a casa, pero ellos prefieren seguir columpiándose en el aire colgados de los globos, hasta que finalmente aterrizan en los techos, chimeneas y jardines.

Regreso jadeando, arrastrándome y abrazando a mis hijitas que duermen con una sonrisa en los labios. ¡Un día se irán por el mundo colgadas de sus globos de colores!  

Cierro los ojos y siento con inquietud que me patea la bebé que aún no ha nacido. ¡Debo pensar que ella también cumplirá cinco años algún día!   Me estremezco, con ese miedo ineludible que acompaña la libertad de procrear. Milagro de la vida. Después de una tarde agotadora, escucho en medio del silencio los latidos de otro ser flotando en mi interior.

Adriana Alarco de Zadra: www.adrianaz.it



FERNANDO SORRENTINO - ARGENTINA
FÁBULA EDIFICANTE

Éste era un mendigo muy honesto.
Un día golpeó a las puertas de una rica mansión. Salió el mayordomo y le preguntó:
 —¿Qué desea, buen hombre?
El mendigo respondió:
—Una limosnita, por amor de Dios.
—Voy a consultar con la señora.
El mayordomo consultó con la señora, y ésta, que era muy avara, le contestó:
—Jeremías, dele a ese buen hombre un pan. Sólo uno. Y, en lo posible, que sea de ayer.
Jeremías —que estaba secretamente enamorado de su ama— buscó, para complacerla, un pan viejo, duro como una piedra, y se lo entregó al mendigo.
—Toma, buen hombre —dijo, ahora tuteándolo.
—Que Dios se lo pague —respondió el mendigo.
Jeremías cerró el pesado portón de roble, y el mendigo se alejó con el pan bajo el brazo. Llegó al terreno baldío donde solía pasar los días y las noches. Se sentó a la sombra de un árbol y empezó a comer el pan. De pronto mordió algo duro y sintió cómo una de sus muelas se hacía pedazos. Cuál no sería su sorpresa cuando rescató, junto con los fragmentos de su muela, un fino anillo de oro, perlas y diamantes.
—Qué suerte —se dijo—. Lo venderé y tendré dinero por mucho tiempo.
Pero en seguida prevaleció su honestidad:
—No —agregó—. Buscaré a su dueño y se lo devolveré.
En el interior del anillo estaban grabadas las iniciales J. X. Ni corto ni perezoso, el mendigo se dirigió a un almacén y pidió la guía de teléfonos. Comprobó que, en todo el pueblo, sólo existía una familia cuyo apellido comenzase con X: la familia Xofaina.
Lleno de alborozo por poder llevar a la práctica su honradez, partió rumbo a la casa de la familia Xofaina. Grande fue su asombro al ver que se trataba de la misma rica mansión donde le habían dado el pan con el anillo. Golpeó a las puertas. Salió Jeremías y le preguntó:
—¿Qué desea, buen hombre?
El mendigo respondió:
—He encontrado este anillo dentro del pan que usted tuviera la bondad de darme hace un rato.
Jeremías tomó el anillo y dijo:
—Voy a consultar con la señora.
Consultó con la señora, y ésta, feliz y cantarina, exclamó:
—¡Afortunada de mí! ¡Hétenos aquí con el anillo que yo había perdido la semana pasada, mientras amasaba el pan! Éstas son mis iniciales, J. X., que corresponden a mi nombre y apellido: Josermina Xofaina.
Después de un instante de reflexión, añadió:
—Jeremías, ve y dale a ese buen hombre, como recompensa, lo que él quiera. Siempre que no sea muy caro.
Jeremías, tuteado por su ama, volvió a la puerta y díjole al mendigo, recayendo en el tuteo:
—Buen hombre, dime qué deseas como recompensa por tu buena acción.
El mendigo contestó:
—Sólo un pan para saciar mi hambre.
Jeremías —que seguía enamorado de su ama— buscó, para complacerla, un pan viejo, duro como una piedra, y se lo entregó al mendigo:
—Toma, buen hombre.
—Que Dios se lo pague.
Jeremías cerró el pesado portón de roble, y el mendigo se alejó con el pan bajo el brazo. Llegó al terreno baldío donde solía pasar los días y las noches. Se sentó a la sombra de un árbol y empezó a comer el pan. De pronto mordió algo duro y sintió cómo otra de sus muelas se hacía pedazos. Cuál no sería su sorpresa cuando rescató, junto con los fragmentos de esta su segunda muela rota, otro fino anillo de oro, perlas y diamantes.
Una vez más advirtió las iniciales J.X. Una vez más devolvió el anillo a Josermina Xofaina y recibió como recompensa un tercer pan duro, donde encontró un tercer anillo que volvió a devolver y por el cual obtuvo, en recompensa, un cuarto pan duro, donde...
Desde ese día venturoso hasta el infausto de su muerte, el mendigo vivió feliz y sin estrecheces económicas. Sólo debía devolver diariamente el anillo que encontraba dentro del pan.
Fernando Sorrentino nació en Buenos Aires en 1942. Sus invenciones suelen entrelazar de manera sutil, y casi subrepticia, la realidad con la fantasía, de manera que no siempre es posible determinar dónde termina la primera y empieza la segunda. Paraguas, supersticiones y cocodrilos (2013) es su más reciente libro de cuentos.


MORENO TOMASSINI - ITALIA
LA FÁBULA DE GUENDALINA

Una anciana mujer pasea por la ciudad bajo una fuerte nevada. Los mejores años de su vida los ha pasado trabajando en la espesura, recogiendo setas y flores. Su hogar es el bosque. Mira a los transeúntes con recelo paseando por la calle principal, donde están las tiendas más bonitas de la ciudad. De hecho, ella se envuelve en un manto negro que llega hasta los pies, y su cara está tapada con un pañuelo. Muestra interés por las tiendas de ropa.

Se detiene a mirar un escaparate que muestra una moderna capa de color rojo. Ella la mira fijamente y parece atraída por la capa roja; cuando el jefe la ve y dice:

- Vete, anciana, esta capa no es para ti. - Ella no levanta la cabeza, ni pronuncia palabra y se mueve lentamente a lo largo de la carretera. Regresa poco después y una vendedora le pregunta:

- ¿Señora, busca alguna prenda?

 Ella responde: - ¿Podría entrar a la tienda y dar una mirada?

-Entra, entra no te quedes en la calle.

Al verla, el jefe murmura:

- ¿Qué hace esa vieja mujer en esta tienda?

Allí trabajan tres empleados los cuales se angustiaron por la arrogancia del jefe y por la indignación que sus palabras causaron en algunos clientes. La anciana se disculpó con el jefe y salió de la tienda.

Por la noche, al bajar las persianas de la tienda, la vendedora la ve en la calle y le pregunta:

- ¿Todavía está aquí en medio del frío y de la nieve?

-Yo nací en el frío, pero gracias por preguntar. Tú tienes un buen corazón.

-Vamos a dormir a mi casa, - le dijo Aurora. - ¿Cómo te llamas? 

-Guendalina, la reina del bosque. Te puedo hacer un regalo, ¿qué prefieres?  

Aurora no responde y sonríe, pero Guendalina sabe que está preocupada y sabe que las cosas no van bien en la tienda.  Pasan la noche juntas al calor del hogar. Por la mañana, al salir de casa, se escucha una fuerte sirena por las calles de la ciudad y con gran sorpresa de las dos mujeres la policía se detiene frente a la tienda. Por la puerta ven salir al jefe con las manos esposadas.

Pasan unos días y por decisión del tribunal se entrega la gestión de la empresa a las órdenes de Aurora.  Desde entonces, la tienda pareciera tener un vigor renovado. Fue y sigue siendo el espacio más acogedor en esa calle para todos los clientes, especialmente para las damas más ancianas de la ciudad.

Unos días más tarde, Guendalina, vestida con su manto negro y el pañuelo en la cabeza, se detiene a observar la vitrina. Solamente Aurora sabe quién es.

- ¿Viene usted por la capa roja, ¿verdad?

Ella responde: 

-No, Aurora, he venido a despedirme de ti, porque tú tienes un gran corazón por lo que la tienda te dará muchas satisfacciones y sé que serás siempre muy feliz.

Aurora prepara una taza de té muy caliente para Guendalina.

-Sólo unos minutos…- dice Aurora mientras atiende a unos clientes.

Después de beber, Guendalina sale de la tienda. Aurora asoma para llamarla, pero ve una luz brillante que la envuelve y, como por arte de magia, ¡desaparece ante sus ojos!

Moreno Tomassini 1953 Rovereto (Trento) Italia.

(Coordinador de proyectos para el desarrollo social en Centro América)



CARLOS MARIA FEDERICI - URUGUAY

DOS MICRO FICCIONES


DULCE DESQUITE

Medio siglo atrás, ella —un témpano bajo mis labios, una tabla entre mis brazos— hizo cenizas mi juventud. Y lo más humillante fue que mi rival, su preferido, insolente­men­te acaudalado, macizo, arrogante, casi cuadruplicaba sus diecinueve años. Pero a ella, según me dijo más de una vez, “le gus­taba” él más que yo, flaco, anodino, manso… ¡Un pobre diablo!

Para él se semidesnudaba, se prestaba —hasta cierto límite, claro— a sus caprichos eróticos. (¡A mí me lo había negado siempre todo!)

…Hoy, irónicamente, aunque no poseo la fortuna de él, los años me han dado su apa­­rien­cia. (Supongo que ahora sí “le gustaría” un poco.)

Pero ella —¡dulce desquite! — jamás recobrará aquella belleza que una vez la adornó.


HARTURA

Tras un sinnúmero de constantes y reiteradas perturbaciones de su sueño milenario, en 1937 el Gran Cthulhu consideró rebasado su límite de tolerancia.

—¡¿TE CALLARÁS POR FIN?! —rugió.

Sumiso, H. P. Lovecraft expiró.

* Carlos María Federici (3 de diciembre de 1941, Montevideo) es un escritor, guionista y dibujante uruguayo, de ciencia ficción, policial y terror. Su obra literaria aparece en varias antologías de su país y del exterior. Se lo considera uno de los pioneros de la ciencia ficción y el relato policial en Uruguay.




TANYA TYNJÄLÄ - PERÚ

SIGNOS INEQUÍVOCOS DE UNA MUERTE CERCANA



La fila de hormigas caminaba llevándose el azúcar desde la cocina hacia el patio. No las maté. Mi abuela siempre decía que ese era un signo inequívoco de una muerte cercana. No pude evitar sentirme contento.

         No soy una mala persona, no ando deseando la muerte de cada persona que se me cruza en el camino haciéndome alguna perrada, pero todos tienen un límite y no soy Job.

         La madre de mi novia no me considera digno de su hija. Para ella soy solo un mediocre cajero de banco, sin el futuro grandioso que soñaba para su “princesa”. No oculta su desprecio hacia mí cada vez que tiene la ocasión. Pero está enferma, grave, todos los saben: Seguro es ella la que va a morir.

         Recuerdo la vez que me invitó a una reunión familiar, solo para humillarme invitando también a un “amigo de la familia” joven, guapo y ricachón. “¿Recuerdas, Anita? De pequeños decían que se casarían de grandes”, comentaba sonriendo. Poco importaba que mi novia lo le hiciera caso, ella insistía: “¿No es cierto que está muy guapo?  ¡Es el partido ideal, tiene su propia empresa!”. De nada valió el apoyo de mi Ana, pidiéndome que no le hiciera caso, la vieja me arruinó el día.

         Un perro aúlla a lo lejos: otro signo, la muerte está cerca. Sigo preparándome para ir al banco. Será un día largo y pesado, día de paga. Todos quieren cobrar su sueldo. Yo igual no dejaré de sonreír.  Es fácil ser amable cuando sabes que todos tus problemas desaparecerán de un solo golpe.

         Disfruto pensando en nuestro futuro, sé que no pudo ofrecerle mucho, pero lo que le daré, será de corazón. Si pudiera, le diría que no trabaje… pero eso es imposible con mi sueldo. Es otra de las críticas de su madre: “¡Pero si ni para mantenerla bien tienes! ¿Para qué te quieres casar?”. Y sigue quejándose de que su pobre hija tendrá que trabajar toda su vida y sigue y sigue…

         En el trabajo no puedo pensar en otra cosa, no me concentro, me equivoco varias veces al contar el dinero. No sonrío, estoy tenso, si el jefe se da cuenta… De pronto una campana nos sobresalta. Pensamos inmediatamente en una alarma. Una secretaria se ríe.

         —Fíjense, el despertador que me regaló mi hija para el día de la madre, ese que se malogró al segundo día y que guardo solo por cariño, ¡se puso a sonar de pronto! ¡Qué susto! ¿No?

         Sí, “que susto ¿no?” ¡Qué alegría digo yo! Tres signos al mismo tiempo. No pueden fallar.

         El banco cierra, salgo presuroso a la parada de autobús. Quiero llegar a casa lo más rápido posible. El ojo izquierdo me palpita: cuatro signos en un día. Debo parecer asombrado y triste cuando Ana me dé la noticia. Quiero…

         … No vi el camión, todo el cuerpo me duele. La gente que se mueve a mi alrededor…  escucho sus gritos de auxilio, también escucho aullar a un perro, mientras veo a las personas como si se alejaran cada vez más hasta hacerse pequeñas, como las hormigas…

Tanya Tynjälä. Escritora peruana de ciencia ficción y fantasía. Se dedica a la
docencia. Ha publicado con NORMA “La ciudad de los nictálopes”, “Cuentos de la princesa Malva” Y “Lectora de sueños”, además con Micrópolis “Sum”, colección de micro relatos y poemas. Es editora para el idioma español del equipo de blogs de “Amazing Stories”. Ha sido galardonada con premios literarios como el “Francisco Garzón Céspedes” en 2007.

Friday, 1 September 2017

BABELICUS EN ESPAÑOL Número 4


Retrato de Mujer andina: Óleo de Adriana Alarco





BABELICUS EN ESPAÑOL

Número 4 - 2017

Estimados amigos:
Les presentamos el cuarto número de BABELICUS EN ESPAÑOL que forma parte del blog del amigo y escritor italiano Stefano Valente a quien agradecemos su apoyo y disponibilidad para con esta revista multicultural.
Se han publicado ya los números en portugués y en francés con cuentos originales en dichos idiomas, que pueden encontrar en la página web:
Y también en la página de Facebook:
Babelicus (grupo abierto)
Para este número nos han llegado cuentos en español, de varios países de América Latina y de España, llenos de magias, aventuras y sonrisas… En este número pueden leer estupendos relatos de varios escritores provenientes de México, Argentina, Chile y Perú,
Para que este proyecto siga creciendo, ruego a los escritores de lengua española interesados en publicar en Babelicus, que envíen sus colaboraciones a la responsable de la edición en español de la revista virtual bianual:
Adriana Alarco de Zadra: alarcoadriana@gmail.com
Se publicarán los cuentos que cumplan los requisitos de brevedad, gramática, fantasía y respeto.
Los autores no pierden sus derechos de autor.



JOSÉ MARÍA AGUIRRE (ARGENTINA)

EL  AUTORRETRATO

Soy el retrato de mi hacedor. Mejor dicho, su autorretrato. Estoy aquí, chato y sofocado. metido en un carpetón. Por el bamboleo y el ruido de los zapatones, supongo me lleva a la exposición del concurso.
Caso extremo este hacedor mío. Se concentró tanto en retratarse, que hasta transfirió su consciencia a mí, su autorretrato. Lo escucho caminar y sé que está medio ido, como un autómata. Sólo tiene la vaga idea de su propósito final: llevarme hasta el lugar del certamen de dibujo.
Percibo sus pasos cada vez más leves. Espero alcance a llevarme. Espero no se diluya en el aire de la calle; que no me deje tirado, metido en el carpetón.
Ahora siento un cambio en el andar, más y más débil por momentos. Parece que subiera peldaños. Debe ser la escalinata del salón exposición.
Es aburrido estar aquí, a oscuras, dependiendo de lo que haga el babieca de mi creador. Sólo sintiendo sus pasos ahora casi ingrávidos, como despertando ecos en un salón...  ¡Claro que sí!  ¡Ya llegamos!
Alguien habla haciendo resonar un amplio espacio. --Llegó tarde --dice--, ya se venció el plazo.
--Ya no puede presentar su obra --insiste otro.
--Váyase y deje de molestar --agrega el de más allá. ¡El jurado!  ¡El maldito jurado! ¡Los despóticos integrantes del jurado!  "Éste quiero... éste no quiero", indicando desde su pedestal. Retribuyendo favores... entregando trofeos por turno... cumpliendo con la moda de fauvísmo, dadaísmo, informalismo, neo-modernismo, surrealismo, post-modernismo, post-nuclearismo, ¡qué sé yo!
Y mi estúpido autor se queda parado, como un árbol seco, y no dice nada. Debe parecer la tonta imagen de una diapositiva, proyectada sobre un banco de humo de cigarrillos. Así, casi sus pendido en el aire, como colgado de su propia imbecilidad.
Además, suponiendo le aceptaran su trabajo fuera de término, le dirían que no encaja en alguno de los "ismos" de moda. ¡Aunque el mismísimo Miguel Angel Buonarroti presentara una obra de incógnito, no figuraría ni en el montón!
El carpetón se suelta y cae arrastrándome al suelo en un estruendo. Mi hacedor quedó tan sin substancia que su mano se abrió, pareciendo anticipar un final.
Las tapas se separan y yo asomo amenazante. El autor de mis días me mira, en un postrer impulso reflejo. Es lo que yo necesito. Me galvanizo y me voy corporizando trabajosamente, como para salirme del papel. La luz me da más energía. Me despego de la lámina, estirándome. Hago una torsión y miro a los Señores del Jurado, lanzándoles con mi mente el furibundo trallazo energético de mi odio. Quedan los tres estampados en la pared, chatos, dibujados.
Quedaron magníficos. Están bien así. Que aprendan lo que es sentirse un dibujo, esperando que una graciosa mano los distinga de los demás.
Miro al fantoche tontolón que me dio origen y lo veo alejarse flotando hacia la salida, fantasmal e impreciso como una voluta de vapor. La suave brisa y la luz del sol lo van disipando, hasta no dejar nada.
Delgado y laminar, me yergo rebotando en el medio de la sala de cuadros.
Los Señores del Jurado me miran, con estática e impotente expresión de horror, retratados en el muro, pegados.
Con cierta dificultad levanto el carpetón con la hoja en blanco. No me queda más que encaminarme hacia la casa de mi dibujante evaporado. 
Camino por la acera, foliáceo, como la figura recortada de un afiche. La gente mira aterrada mi cuerpo achatado, como salido de debajo de una aplanadora. Espero no se levante viento, pues sería arrastrado como un papel cualquiera.
El sol me ayuda proporcionándome substancia, al revés que con mi creador, pero aún sigo delgado como un cartón, igual a esas imágenes en las carteleras de cine. Sólo me faltan los travesaños de bastidores claveteados en la espalda.
Ahora que lo pienso, ¿quién soy yo en realidad? Tengo toda la memoria del artista que me plasmó. Él me la transfirió a mí. ¿Acaso soy él? Yo tomé conciencia cuando él quedó como una cáscara vacía. Entonces, ¿yo soy él, transvasado en un ente-dibujo ? Pero él era un tonto, y yo tengo facultades, habilidad, impulso. Pude darles su merecido a los jurados. No, no puedo ser él.
En fin, ya llego a la casa. Los vecinos me observan perplejos. Mi llave no sirve para abrir porque es chata como cualquier dibujo. Deberé deslizarme por debajo de la puerta.
Éso es... paso con toda facilidad...
Por ahora tengo que dejar la carpeta del lado de afuera. En verdad, tengo otra llave dentro de la residencia.
Ahora podría dedicarme a hacer retratos por encargo, rostro, medio cuerpo, cuerpo entero. La gente hasta pagará por verme, con mi físico chato y escalofriante moviéndome de aquí para allá. Me doy cuenta, fui rechazado en un concurso de dibujos, pero seré un éxito como fenómeno de circo.


ESPEJITOS DE COLORES

Estaban reunidos en torno al cráter. Los nuevos chapoteaban muy alegres en la lava. Los medios y los extremos oscilaban fluctuantes por la costa incandescente, cambiando conceptos.
Crepitor, uno de los medios, se dirigió al extremo pulsor.
--Dentro del próximo triple lapso se harán presente los Sólidos --manifestó crepitando.
--En ese curso tenemos reunión en el estrato magnético periférico --respondió el extremo--, giraremos y absorberemos radiación ultraviolácea. Formaremos moléculas y después micelas. Tal vez deberíamos posponer el contacto con los Sólidos.
--El contacto será breve y nada estrecho. Ellos llegaron desde su mundo, Sol Tercero, y ahora quieren que les permitamos apropiarse de las esferas fotónicas, para utilizarlas como combustible en sus cuerpos artificiales, en sus... digamos... máquinas... 
--Pero las esferas fotónicas son el producto remanente de nuestras conjugaciones amorosas --protestó el extremo Pulsor--, pedir eso es algo obsceno.
--Los Sólidos, expresan que a cambio nos darán cuerpos artificiales, productores de radiación ultravioleta --continuó Crepitor.
Desde la ionosfera descendían con lentitud algunos nuevos recién nacidos.
--Los rayos ultravioletas nos llegan naturales desde el centro estelar --protestó Pulsor con fuerza--, por lo tanto nos darán cuerpos inútiles, basura.
--Los Sólidos esperan acordemos el intercambio en su próxima presencia --expresó Crepitor, pensativo.
--¿Cómo se comunicaron contigo los Sólidos ?
--Tienen un Sólido artificial. Con él decodifican nuestros pulsos y luego los emiten como vibraciones atmosféricas --emanó Crepitor.
--Te diré lo que puede ocurrir, Crepitor. Si acordamos, ellos vendrán y cargarán con las esferas fotónicas. Se las llevarán todas. Luego traerán sus cuerpos artificiales que producen alimentos. Tú y yo, los medios y los extremos, no los usaremos. Pero se los darán a los nuevos; para ellos será una novedad, como un juguete. Luego perderán la facultad de alimentarse con la radiación estelar. Además, les parecerá una costumbre vergonzosa, caduca, superada.
"Más tarde los incitarán a producir más esferas fotónicas, mediante falsas conjugaciones. Los inducirán a conjugarse de las maneras más viles. Si los nuevos se rehúsan a hacerlo, les quitarán los cuerpos artificiales, o harán que no funcionen, para que no puedan alimentarse. Si los Sólidos no los proveen con los artificios, los nuevos no tendrán alimentos. Pasarán al Plano Superior como nuevos, sin llegar a ser extremos.
--¡ Pasar al Plano Superior como nuevos !  ¡ Es inconcebible ! --exclamó Crepitor.
--También sucederá que con todas esas vilezas de falsas conjugaciones y radiaciones artificiales, los nuevos se irán opacando, dejarán de ser Plasmas, se volverán Sólidos. Habrán de tornarse pesados, torpes y frágiles. Al llegar a extremos, como Sólidos se descompondrán... y no sé cómo harán para pasar al Plano Superior. Quizá dejen de existir... para siempre... Pero... ¡oh!  ...aquí llega Titila... los dejo solos --concluyó el extremo Pulsor, y se alejó flotando sobre la ardiente lava.
--¡Crepitor! --tañó Titila con alegría y rebotó contra él. Flotó sobre la roca fundida, se elevó muy arriba y después se abalanzó, rebotando de nuevo.
Para Crepitor fue un alivio encontrarse con Titila, después de los vaticinios apocalípticos manifestados por su amigo Pulsor.
--¡Vamos a bañarnos, Crepitor! --tintineó muy alegre el pulso de Titila, planeando errática y llevando a su compañero a zambullirse a la lava resplandeciente.
Ambos bucearon en el magma volcánico y más tarde chapotearon con regocijo, semisumergidos en los metales derretidos.
Bañados en las cálidas emanaciones sulfurosas, los dos se apretaron muy fuerte hasta comenzar a conjugarse. Los Plasmas fueron englobándose entre sí, hasta fusionarse en uno solo. Emitieron gran cantidad de luminosas esferas fotónicas, que flotaron sobre el cráter y rodaron entre las rocas candentes.
Acto seguido, los dos seres proyectaron un fortísimo destello. La luz se elevó en una línea incandescente, como un latigazo, hasta irrumpir en la ionosfera. Era probable que allí diera lugar a la gestación de un nuevo Plasma, que en poco tiempo descendería por las capas atmosféricas para reunirse con sus congéneres.
Cuando la multitud de Plasmas concretó reunión en el  estrato magnético periférico, con Pulsor, Titila y Crepitor mezclados en la muchedumbre, se pulsaron todas las noticias y detalles sobre los Sólidos. La determinación fue unánime. Todos rechazaron con horror las propuestas de los extranjeros. Entonces giraron en la inmensidad con alegría, tomaron alimento ultravioleta y formaron moléculas y micelas.
Los Sólidos en su totalidad treparon a su inmenso objeto artificial, para elevarse y abandonar el mundo de los destellantes entes plasmáticos.
Se fueron decepcionados, chasqueados.
Pero regresaron, claro. Volvieron con su enorme y opaco cuerpo artificial que los transportaba atiborrado de extraños artilugios y armas electrónicas; estaban determinados a forzar a los Plasmas para que aceptaran sus planes.
Los Sólidos se presentaron de nuevo, pero no encontraron a nadie. El planeta yermo giraba en su órbita como una hueca vasija recalentada.
...Y el pueblo de los Plasmas... por supuesto, aguardaron hasta que el último de los nuevos descendiera flotando desde la ionosfera y, acto cumplido, todos juntos se desplazaron con tranquilidad hacia el plano lateral más inmediato; es decir, a uno de la infinidad de continuums espacio-temporales existentes... Y allí, inalcanzables, vivieron felices y contentos para siempre...
     
Bio:  Nombre: José María Aguirre - email: pepeflechero@yahoo.com.ar
Nací en 1943, Rauch, Argentina, residencia actual Bahía Blanca; siempre soñé con guiones y dibujar historietas,y hasta dibujos animados en los estudios Disney, pero los mandatos paternos me zamparon a trabajar en oficinas de "comercio exterior", éso me llevó al desempleo y llevar una vida de "hippie" después de los 50, dibujando retratos y caricaturas en Buenos Aires y a través de diversas ciudades de Brasil durante más de 5 años. Escribir cuentos surgió a fines de los `90 como vocación latente; sólo he podido publicar hasta 5 cuentos en antologías de aficionados (traté de sintetizar lo más que pude).



JULIO GARCÍA VENTUREYRA (ARGENTINA)

EL CANDIDATO

En aquel pequeño país americano, se aproximaba la fecha de elecciones.
El Señor Presidente se paseaba con nerviosismo por su despacho. Era cerca del mediodía y se hallaba reunido con su secretario.
- Te lo dije… - empezó el mandatario, - No me cae nada bien el nuevo candidato que tiene nuestro principal partido opositor. De antecedentes intachables, honesto… con lo que puede lograr, entre otras cosas, que el pueblo crea en él; rubio y casado con bonita señora rubia, y con varón y nena, también rubios … reuniendo el perfil exacto de lo que el pueblo considera ideal… Ah!! … y hasta juega bien al golf.
- No creo que sea para intranquilizarte… - exclamó seguro el secretario. – Ni siquiera va a llegar a hacerte sombra en las elecciones.
- Te noto muy confiado. Pero yo no lo estoy, en absoluto, creo que es un peligro inminente que nos acecha. ¡Maldición! ¿Por qué habrá aparecido? ¡Si veníamos tan bien! ¡No teníamos oposición para lograr el nuevo mandato!
- Dionisio Barrera no va a llegar lejos. – volvió a decir el secretario desde su sillón.
- Han hecho una buena campaña proselitista que puede conducirlos al éxito. Quedaríamos afuera justo en el mejor momento ya que tenemos prácticamente adjudicadas dos importantísimas factorías extranjeras que nos llevarían a enriquecernos a lo grande; por supuesto, también iba a ser fuente de trabajo para muchos a quienes les vendría como una bendición de Dios por el desempleo que hay. – hizo una pausa y se detuvo pensativo. – Correr el riesgo de perdernos esto…, sería más que una lástima. –
Luego de llamar a la puerta, entró uno de los integrantes del personal de servicio, anunciando:
- Señor Presidente, el aperitivo está servido. –
- Tenemos que pensar algo… sí, un buen plan. – le dijo a su secretario mientras se dirigían a la sala contigua.
Mientras desayunaban, Dionisio Barrera le decía a su esposa:
- Anoche tuve un sueño grandioso. En este país ya no gobernaba el tirano que está ahora. Dios me había concedido el mando para restaurar la justicia y la igualdad en el país. Luchaba donodadamente en contra de la pobreza y el desempleo, contra el autoritarismo y los bajos salarios… y lo maravilloso era que las cosas se iban concretando… el pueblo notaba las mejoras… el país empezaba a florecer.
- ¿No es demasiado idealista? ¿No es un sueño muy difícil de hacer real? -
- Se puede convertir en realidad si la vocación de servicio es auténtica. –
Ella tomó la mano la mano de su marido. Sabía bien acerca del convencimiento que tenía.
El discurso había sido brillante y el pueblo colmaba la plaza y la principal avenida de la ciudad capital. El candidato caminaba ahora entre la gente que lo estrechaba ovacionándolo.
¡Era la esperanza de tantos! ¡Tantas ilusiones había depositadas en él! ¡Un país nuevo, libre y progresista!
El hombre joven se abrió paso con agilidad ente la muchedumbre.
Cuando estuvo cerca del candidato, a pocos pasos, extrajo de su campera una pistola automática descerrajándole tres disparos.
Hubo gritos, alboroto, corridas; pero Dionisio Barrera yacía en la calle sangrando profusamente al haber sido alcanzado por dos de los balazos en el cuello y la cabeza.
Los guardias aferraron al asesino, quitándole el arma, retorciéndole un brazo y aplicándole un golpe.
Conducido de urgencia al hospital, Dionisio Barrera había dejado de existir pocas horas después.
El presidente, desde su despacho, junto a su secretario, habían presenciado todo lo ocurrido por la enorme pantalla de televisión que tenía, como si el espectáculo hubiese sido una serie más de intriga y acción, pero en directo, y, dos días después, nuevamente reunidos, le dijo a su secretario:
- Bueno… no podemos quejarnos, salió todo perfecto, un teatro bien armado; hasta ese detalle que el criminal tuvo remordimientos y se confesó arrepentido, pidiéndole disculpas a la mujer y a los hijos del candidato, fue por demás creíble. A propósito…- dio unas zancadas deteniéndose frente al ventanal junto al enorme cortinado, y miró hacia el cielo. Se veía alejarse un avión. – Ahí se lo llevan al asesino y bien lejos. No quiero verlo nunca más en mi vida. Que no se olviden de raparlo, afeitarle el bigote y entregarle los nuevos documentos y de largarlo bien lejos, porque aquí está cumpliendo “perpetua”. En fin, soy de cumplir con mi palabra. Así es el poder, tiene sus cosas desagradables que uno igual tiene que hacer. – permaneció en silencio unos instantes y luego, mirando a su secretario, agregó - Sabés… anoche tuve un sueño grandioso… y era que este país comenzaba a reflorecer en todo, pero para lograrlo, necesitaba tener el camino despejado, para el bienestar total.

Bio: Julio García Ventureyra, nació  en Argentina, donde reside en la actualidad en la ciudad de Bahía Blanca. Es autor de cuentos (publicados en revistas y suplementos literarios), novelas y guiones cinematográficos, primero para cortometrajes: "El nutriero", basado en un cuento y que obtuvo una mención en un Festival Internacional de Cortos en Torrelavega (Santander),  España, y posteriormente para largometrajes, donde, como en los anteriores, participó como guionista y como director de cine: "Desafío al coraje", largometraje en color de temática policiaca, que se filmó hace años en las cercanías de Bahía Blanca, y que se exhibió en cine y TV, ya que el Canal Volver de Buenos Aires tiene los derechos de explotación del filme, que se emite cada tres o cuatro meses, así como en el video-club del Consulado Argentino en Barcelona.



EUGENIA PRADO BASSI (CHILE)

ASEDIOS (fragmento)

Uno. Una mujer babea su historia, su falta de fe.
Y yo, insoportablemente en crisis, me instalo sobre la cama.
La cabeza sobre la almohada. Mi pelo se llena de babosas.
Entonces, tú y yo, nos desplazamos hacia el lugar donde todo nos sucede.
Aterrados cuando el señor del maletín, la mujer de los labios pintados y el joven poeta, nos espían. Masculina la lengua, la vista, el párpado. Extraña forma de mirarnos. Y el hombre, en medio del alcohol, en medio de la noche y de las grabaciones extranjeras se acerca lento, algo busca, algo, quiere saber.
—Pero mírela bien, si es tan linda –le dice.
Ella, se hace la loca.
Dos. Y nos pasan tantas cosas, en medio de ti, en medio de la noche, en medio del taxi, en medio de los hombres y del sexo, en medio de los años.
Insoportablemente en crisis, si no fuera por ti, jamás los subterráneos.
Aturdida mi cabeza, se enreda de babosas asesinas.
Tres. Una mujer ríe a carcajadas. La veo ofrecer sus golpes, sus espasmos, con palabras torpes, crispadas.
Insoportablemente en crisis, apocalípticas las voces de jóvenes poetas, y que, de tiempo en tiempo, se modifiquen nuestros mezquinos hábitos.
Entre tanto, enroscadas, rojas y brillantes, las babosas juegan con mi pelo, con tu pelo, con las extensiones de tu pelo. Se mueven como enredaderas. Onduladas trepan. Algunas caen o se deslizan entre palabras blancas, otras, significan. Tomo algunas y me las llevo a la boca. Muerdo las vocales. Todos buscamos algo.
Cuatro. Viaje en Transantiago. Un tipo nos agrede.
Que ni se atreva a tocar tu pelo, pienso. Él, al verme, baja la mirada. De miedo y de clase el hombre se entera y se aterra. De la fuerza que tiene la clase se aterra, en este país y en los espacios dónde nos movemos.
Insoportablemente en crisis, un puñado de babosas resbala por mi cuello, mientras una casta completa de poetas apocalípticos siembra noches de amanecidas imposibles. El terror del día, del otro día, y que no se acabe la noche, tu noche, y volver a separarnos. Entonces, nos preguntábamos por qué tanto interés en el fin del mundo y no hablar del principio de todas las cosas; de la fuente dónde se confunde la voz, o de cuándo la lengua alcanza en el lóbulo su máxima fe.
Cinco. Una mujer juega y se ríe en la pantalla de la Tv. Su belleza de actriz favorita es tan espléndida que de rudeza espanta. Ella, la blanca de todos los espectáculos, sonríe.
Y otra vez la mirada puesta sobre ti. Sobre mí, cuando nos miramos. Que no somos chicas fáciles, ni lo piensen, chicos menos, ni se les ocurra. Entonces, pensábamos alianzas imposibles, ser cómo Pinky y Cerebro y que juntos salvamos el mundo o, en una de esas, hasta nos apoderamos de todo.
Insoportablemente en crisis, todos buscamos atrapar entre las piernas.
Solo así, hundiéndonos en las cavidades del otro, es posible predecir el fin del mundo.
Después, nos juntaremos, una vez más, a hablar sobre lo mismo, porque de qué hablábamos tú y yo, si no es de eso, de tanto darle al cuerpo hasta derribarlo.
Insoportablemente en crisis, babeábamos historias ajenas y las propias y nos preguntábamos por qué, nosotros no hablábamos así de las catástrofes o de cuando no habrá mañana y es probablemente cierto, todo lo que digas, pero, por favor, Apocalipsis Zombi ¡NO! Que miedo.

Bio: Eugenia Prado Bassi: Nace en Santiago de Chile. Es escritora, diseñadora gráfica y editora en Ceibo Ediciones.
En 1987 publica “El cofre”, en Ediciones Caja Negra. En 1996 “Cierta femenina oscuridad”; 1998 “Lóbulo” y el año 2007 "Objetos del silencio, secretos de infancia" en Editorial Cuarto Propio, el último, editado en 2011 por Emooby, en Portugal para formato kindle.
El año 2000 re-edita "El Cofre" en Surada Editorial. El año 2004 estrena “Hembros: asedios a lo post humano” novela instalación escénica plástica en el Galpón Víctor Jara; en 2006 la  obra de teatro “Desórdenes Mentales”. En 2011 publica "Dices miedo", novela visual; en 2012 la tercera edición de "El Cofre". Su última publicación es el cuento infantil ilustrado “BluVivi y Gusaringo viajan en la marcianave” en co-creación con su hijo, Vicente Pinto Prado, en Ceibo Ediciones.



MARI CARMEN OREA ROJAS (MÉXICO)

LOS MUERTOS RECIENTES SON LOS PAYASOS

Listo en las gradas para ver la función, esperó a que se apagaran las luces. El espectáculo comenzó. Primero, los grandes acróbatas. El maestro de ceremonias no paraba de sonreír y gritar a viva voz las hazañas, habilidades y portentos de cada uno. Luego, el mago. Para el truco de magia, una de las hermosas ayudantes se acercó al espectador y lo invitó a pasar al escenario. Un poco atemorizado, aceptó.
Después del truco de magia, que resultó brillante y fantástico, no pudo acertar a volver a su lugar. Todo se volvió sombras, no veía bien hacia las gradas, la luz del escenario le cegaba. En eso, la música dejó los redobles de la magia y se volvió divertida. Una mano le alargó un traje multicolor, con grandes zapatos y una nariz roja.
-No entiendo bien todo esto- dijo
-Es muy fácil –le contestó el maestro de ceremonias, discretamente y sin dejar de sonreír. –Los muertos recientes son los payasos.
Entonces, ya sin ninguna duda, se puso el traje de colores y comenzó a bailotear y jugar, riendo. Mientras, en las gradas, el resto de la gente le miraba. Y también reía.

Bio: Mari Carmen Orea Rojas es originaria de Puebla, México. Licenciada en Lingüística y Literatura Hispánica, Maestra en Estética y Arte, ambas por parte de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Pasante de la maestría en Educación, por el ITESM, y de la maestría en Desarrollo Humano, por la UPAEP. Actualmente, docente de Bachillerato Internacional en plantel Angelópolis de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.



ADRIANA ALARCO DE ZADRA (PERÚ)

IDEAS, PALABRAS, SONIDOS

Jalo una idea de la frente. Es larga y elástica; está llena de letras y colores. La observo maravillada. Se va envolviendo alrededor de mi cuerpo y me abraza. Rauda como el viento, empiezo a poner todos los signos en su sitio para percibir su significado cuando, al fin, se rompe la idea y se desvanece nuevamente, silenciosa, en medio de la nada, por el mismo camino que llegó.
Hoy salen de mi boca palabras fluidas como finas cuerdas de seda esperando recibirte con halagos y promesas. Tratan de ser dulces y a veces son amargas. Ocupada, tejo una cuerda diariamente y la convierto en vocablos floridos de color y de seda pero tú no llegas nunca. Luego desamarro, destejo, destiño y empiezo con el nuevo día, día a día, noche tras noche. Esperándote, las telarañas que me rodean, poco a poco se van anudando y convirtiendo en áspera soga de cáñamo, hasta que, enronquecida, se me hace un nudo en la garganta, sabiendo que no llegarás, y ya no salen más palabras de mi boca.
Pacientemente, lo espero siempre mientras crecen de mis dedos, sin mayor esfuerzo, ramas llenas de hojas y una que otra flor. Es largo el día y va anocheciendo. Las acaricio, las siento, percibo su aroma. ¿No vas a llegar nunca? El cabello se vuelve follaje y de pronto me encuentro de pie, plantada como un árbol en la esquina de mi casa, sintiendo entre mis brazos vegetales la brisa, áspera como tus dedos, acariciarme con el viento de la noche.
Aferro los sonidos musicales que llegan a mi oído como los símbolos del pentagrama. Si no es do es sí, si no es re es sol que alumbra. Puedo moverme… ¡Vamos corriendo todos a la sombra, a colgar en los árboles la música que tañe con campanas domingueras y festivas, fa fa fa! ¿Te das cuenta que hoy silba con el viento, la la la, mi mi mi, y que yo estoy siempre aquí? Y al llegar finalmente de tu largo viaje, tú encontrarás, esperándote, una orquesta movida por el viento…

Bio: Adriana Alarco de Zadra, nacida en Lima, Perú, ha publicado libros de geografía, de teatro, de ciencia ficción, poesías y cuentos. Es viuda pero sus hijas y nietos le dan alegría y serenidad. Cuando se le terminan las palabras, pinta. Los colores le llenan la vida. Página Web: http://www.adrianaz.it Blog: http://adriana-alarco.blogspot.com/